lunes, 24 de febrero de 2014

Esa empresa privada... tan ineficiente 20140224

Permitan que vuelva a las andadas, porque si alguno de ustedes piensa que los problemas específicos de España van a resolverse (solo) mediante reformas drásticas en el terreno político o sociopolítico se equivoca de medio a medio. Las transformaciones precisas (olvídense de un imposible retorno a cualquiera de los viejos buenos tiempos) han de abarcarlo todo, tanto en la esfera pública como en la privada. Y han de hacerlo dando por sentado que la última marea globalizadora ha roto definitivamente las barreras espaciotemporales que aún permitían pensar en clave local. Eso se acabó.

En este país tenemos un problema serio en la economía del sector público y otro aún más serio en la del sector privado. En general, nuestras empresas son un desastre. Si no lo fuesen, si en ellas imperase la eficiencia, la seriedad y la responsabilidad social, las instituciones no irían como van. Ni de coña. Pensemos en la corrupción. ¿Acaso no es un fenómeno que ha llegado a las administraciones (central, autónomas, locales) desde el ámbito empresarial (entidades financieras, constructoras, grandes compañías, emprendedores con contactos). ¿Quién lleva los maletines a quién? Por eso, la actual oleada de privatizaciones produce vértigo. ¿Cómo vamos a dar por sentado que mejorarán los servicios esenciales cuando sean gestionados por compañías cuyos directivos están consagrados a la obtención del máximo y más rápido beneficio por cualquier método?


He visto a no pocas empresas privadas sumidas en la miseria de la cooptación de sus altos cargos, obsesionadas por mantener una estructura vertical y jerárquica, dispuestas siempre a expulsar de su seno a los profesionales con más iniciativa y empuje mientras promocionaban a los más disciplinados y por ello menos molestos. Empresas, mucho ojo, enredadas en imaginarios ideológicos reaccionarios y cerradas a cualquier innovación.


Nos escandalizan las declaraciones del presidente de Iberdrola. Pero su discurso cínico, tramposo y obviamente apátrida viene a ser la última proclama de la burocracia empresarial. ¿Y vamos a confiar en esta gente? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario