viernes, 9 de enero de 2015

La yihad tampoco nos atemorizará 20150109

Mientras nos concentrábamos ante el Instituto Francés de Zaragoza para solidarizarnos con los colegas de Charlie Hebdo, amigos y compañeros me preguntaban (y se preguntaban a sí mismos) sobre la posibilidad de que el yihadismo acabe por imponer la ley del silencio sobre los periodistas hasta apagar definitivamente nuestra capacidad crítica y nuestro compromiso con la verdad. "No --les contesté--, no creo que eso sea posible. Este oficio implica una obvia relación con el riesgo y una mínima capacidad de afrontar las amenazas". Y si es cierto, añado, que el relativismo (la banalización, más bien) se ha infiltrado en nuestro ideario básico, no es menos verdad que ninguno de nosotros puede ignorar que esta no es una profesión neutra; por el contrario, contiene unos fortísimos componentes de compromiso y militancia. Por eso gritamos "Je suis Charlie", como un desafío a los torpes asesinos.

Los islamistas más radicales (Al Qaeda y el Estado Islámico) aplican hoy una estrategia destinada a eliminar de raíz no ya las aproximaciones críticas a lo que significan ellos y la religión que supuestamente les inspira, sino a cualquier noticia que no esté sometida a sus estrictas reglas, o (mejor aún) que no proceda de sus propias fuentes. Por eso el secuestro y la ejecución filmada de periodistas, las amenazas constantes y el control de los llamados "agujeros negros" (Siria, el norte de Irak, Libia, el Afganistán bajo dominio talibán, la Somalia sometida a la milicia de Al Sabah, el Sahel africano y el norte de Nigeria, etcétera) se han convertido en un fenómeno que sin duda condiciona el flujo informativo. Pero tal situación, con momentos tan duros e incomprensibles como el ataque a la sede parisina de Charlie Hebdo, no puede ni debe amilanarnos. Por otra parte, el yihadismo no es el único enemigo al que hemos de enfrentarnos. Estados terroristas, el crimen organizado, servicios de inteligencia y poderes institucionales o fácticos de toda clase están ahí, dispuestos a presionarnos con la más descarnada violencia o con mecanismos intimidatorios más sutiles e incruentos pero no menos eficaces. Sin embargo, hemos de resistir y sobreponernos al miedo. La boca de fuego de un kalashnikov o las "advertencias" del alcalde de cualquier pueblo no pueden hacernos renunciar a lo que es el fundamento de la vocación que nos impulsa: el ejercicio profesional de la libertad de expresión e información, un derecho fundamental que no es solo nuestro sino de toda la ciudadanía... pero que nosotros gestionamos en buena medida. Si no lo hiciésemos, ¿para qué habríamos de existir?

No pensemos que somos los únicos. Desde los médicos que combaten el ébola en África hasta los guardias civiles que realizan rescates en la alta montaña, pasando por los pescadores, los mineros, los albañiles, los bomberos y un sinfín de oficios más, somos muchos los sometidos a cierto nivel de peligro. Pese a todo, hemos de cumplir con nuestro (magnífico) deber.

Los informes de la Federación Internacional de Periodistas y de Reporteros sin Fronteras describen un mundo en el que abundan los lugares y las situaciones cargadas de riesgos. Periodistas mexicanos, rusos, egipcios, ucranianos, chinos, colombianos... o los enviados especiales a zonas de conflicto se juegan el tipo. Dibujar una caricatura sin moverse de París o Copenhague también puede ser letal. "Quizás --dicen los contemporizadores-- deberíamos ser respetuosos con ciertas manifestaciones religiosas; o entender las particularidades culturales de algunas sociedades". Entonces... ¿cómo distinguir esa concesión, tan razonable, de una rendición incondicional ante los intolerantes y los fanáticos? No, yo reivindico el derecho a ironizar sobre las religiones, y más si pretenden convertir sus mandamientos y dogmas en ley de obligado cumplimiento. Yo soy Charlie con todas sus consecuencias. Frente al islam, el cristianismo o cualquier religión (o ideología), reivindico mi laico y democrático derecho a informar y opinar con veracidad e intención crítica. Respeto la práctica privada de cualquier credo. Pero rechazo toda imposición sobre mi conciencia racionalista y mi actitud irónica. Ya vivimos en nuestro propio país tiempos de amenaza y represión, ya aprendimos que cada día está cargado de advertencias e imposiciones. Por eso la yihad tampoco nos atemorizará.

Presidente de la Asociación de Periodistas de Aragón


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